diumenge, 28 de juny de 2009

De frontera


Los pueblos de frontera son divertidos. Sobretodo si no hay gente que desgraciadamente se juega la vida por cruzarla. En pueblos como Portbou, esa línea imaginaria convirtió el pequeño enclave en un hormiguero de burocracia y de funcionarios, pero también le modeló un encanto que aún hoy perdura. Su importancia como estación de origen y final ferroviario convirtió Portbou en un pueblo de gran actividad.
Después de la apertura de las fronteras europeas, Portbou perdió ese misterio fronterizo, pero mantiene aún la magia de un enclave sorprendente.